La floración del cerezo es uno de los espectáculos más bonitos de la primavera. En casa, en Torrelles de Llobregat, es la señal de que todo se pone en marcha. Ver los cerezos en flor es ver la promesa de una cosecha, pero también es recordarnos que el trabajo del campo es, sobre todo, una tarea de ritmos lentos, de cuidado, de atención y de respeto por la tierra.
Cultivar cerezas no es fácil. Es una fruta delicada, que requiere mucha dedicación y que puede perderse por una granizada, un vendaval o una primavera demasiado adelantada. Las cerezas no perdonan los errores ni los descuidos. Pero cuando todo va bien, cuando el tiempo acompaña y la naturaleza se alinea, la cereza es una de las frutas más sabrosas y esperadas de la temporada.
El cerezo es un árbol noble. Necesita inviernos fríos para descansar y una primavera suave para florecer y fructificar. En Torrelles, tenemos la suerte de un microclima que, aun estando muy cerca de Barcelona, mantiene ese equilibrio entre frescor y luz. Y la tierra, que todavía conserva aquella estructura viva y fértil que permite trabajar en ecológico sin tener que forzarla.


